Amados, amémonos unos a otros,
porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.
El que no ama no conoce a Dios, porque
Dios es amor. 1 Juan 4:7-8
He leÃdo varias veces estas palabras, he analizado su mensaje y lo he practicado, llegando a la conclusión de
que conocer a Dios no depende de cuánto sabes en tu mente, sino de cuánto refleja
su amor sobrenatural en tu vida. Considero de alta importancia reflexionar
sobre esto, especialmente ahora que muchos dicen conocer a Dios y se
identifican como cristianos, pero su egocentrismo dice todo lo contrario.
Soy hijo de pastores, nacà en un hogar cristiano, desde los doce años
trabajé en el ministerio juvenil hasta llegar a ser el lÃder principal… y creÃa
conocer mucho a Dios. En cierto punto llegué a sentirme frustrado, insatisfecho
e incluso algo enojado respecto a los resultados de “mi ministerio”, más Dios
en su bondad me hizo comprender un par de cosas: La primera, que el ministerio
no es mÃo, es suyo; La segunda, que todo lo adverso que sentÃa era consecuencia
de que en verdad no amaba a los jóvenes, sino mi propio éxito (eso realmente
dolió).
Una tarde pregunté a los jóvenes si me consideraban un buen ejemplo y
8 de 10 respondieron que sÃ, pero luego pregunté ¿Cuántos están seguros de que les amo? Entonces 8 de 10
respondieron que no, ¿cómo podÃa ser eso posible? Bien, yo era un ejemplo de
puntualidad, de conocimiento, de trabajo, de preparación, de responsabilidad,
pero no del amor de Dios, y si me faltaba amor, me faltaba Dios. Por años habÃa
acumulado información sobre Dios, pero no me habÃa sumergido en una relación
Ãntima con él, por eso no podÃa amar como él ama.
Todo ser humano ama, pero con amor terrenal, un amor que se da al que le
hace bien, al que le agrada, al que le gusta o atrae, pero el amor de Dios va
más allá de la naturaleza y la mente del hombre, es sobrenatural y es capaz de
hacer “locuras” como:
Procurar el mejor bien del enemigo.
Hacerle bien al que le aborrece.
Bendecir al que le maldice.
Orar por el que le difama.
Sufrir agresiones las veces necesarias, si el
propósito lo amerita (no es masoquismo).
Dar más allá de lo que se le requiere.
Darle a todo el que pida.
No reclamarle al que le roba.
Ser bondadoso con el ingrato y perverso.
Ser misericordioso.
Tratar a todos como a sà mismo.
Éste es el amor de Dios, asà ama por naturaleza, confÃrmalo en Lucas
6:27-36. Si ya lo has confirmado, en este momento puedes preguntarte ¿tengo
este amor?
Yo no amaba a los jóvenes con el amor de Dios, los veÃa con ojos
humanos, no con los de mi Señor, los juzgaba, criticaba y menospreciaba en mis
pensamientos (de seguro también lo hice con algún gesto, mirada o tono de voz).
Como puedes notar, nacer en un hogar cristiano no te hace cristiano en
automático, el autor de la fe es Cristo, no tu familia, no lo digo yo, lo dice
la Biblia (Hebreos 12:2). Hacerme consciente de todo esto me dolió en el alma,
me sacudió, golpeó mi ego y mi religiosidad, pero fue el comienzo de todo un
nuevo caminar en el ministerio cristiano, que ahora no era algo que creÃa
merecer, sino un privilegio que agradecÃa.
Necesitaba a Dios para poder amar, porque él es el amor, asà que hice
a un lado mi ego y me rendÃ, busqué conocer el carácter de mi Padre celestial a
través de Jesucristo y progresivamente las cosas cambiaron. Entendà que el amor
es fruto de andar en el EspÃritu, no de mi esfuerzo por tolerar a las personas;
entendà que puedo hacer muchas cosas buenas como predicar, enseñar, cantar y
demás, pero que eso no garantiza que en verdad conozco al Señor, Jesús dijo que
MUCHOS le dirán, “Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu
nombre hicimos muchos milagros? Pero él les responderá: Jamás os conocÃ; APARTAOS DE MI, LOS QUE
PRACTICAIS LA INIQUIDAD (Mateo 7:23-24)”; finalmente entendà que amar como
Dios no dependÃa de mi estado de ánimo, ni de mis emociones o gustos, sino de
creer y vivir su palabra.
Con la mente renovada y con el poder del EspÃritu en mà comencé a actuar en
una forma parecida a Dios. Fui con un espÃritu de paz a buscar la paz con gente
que habÃa hablado mal de mi abiertamente, también pedà perdón a quienes ofendÃ,
el resultado fue espectacular; también empecé a dar más tiempo para escuchar a
los jóvenes, a conocerlos y orar por ellos. Algo importante es que dejé de ver
con prejuicios, les quité las etiquetas a mis hermanos y cambié mi forma de
tratarlos, las crÃticas se fueron, en lugar de eso floreció afecto fraternal.
Hoy puedo decir que conozco a Dios, pues experimenté la vida
sobrenatural de Cristo en mà conduciéndome a hacer lo que en mis fuerzas no era
posible, ahora sé lo que es amar como Dios ama, aunque por su puesto estoy a
años luz de su perfección. Para gloria de Dios mi cambio influyó en otros que
también se despojaron de ego y religiosidad para darle lugar al hermoso amor
del Padre, incluso hace unos meses esta obra fue perfeccionada porque varios
jóvenes varones rompimos con el molde cultural y comenzamos a saludarnos con un
beso, aún es raro para algunos, pero yo agradezco a Dios porque nos lleva a más
y más.
Como conclusión sólo quiero declararte nuevamente lo que la palabra de
Dios dice, pero de forma directa para tu mente y corazón: SI NO AMAS (como
Dios) NO CONOCES A DIOS. ¿Sabes mucho de Dios? Honestamente te felicito por
eso, pero no es suficiente, lo que necesitas es conocer mucho a Dios y la
evidencia de eso será que practiques más y más el amor del Padre, sÃ, ese amor
ilógico, raro y extraterrestre con el que de hecho él nos amó primero. Si ya lo
estás practicando ve por más, porque ya debes saber algo, que recibir y dar el
amor de Dios es la verdadera felicidad.
Por Zabdi Juárez
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